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viernes, 1 de julio de 2011

El esquinado / monólogo

La acción transcurre en el consultorio de un terapeuta

En lo oscuro se escucha una canción:

    Allá a la distancia, más allá de palabras y promesas
    está la vida, la vida por vivir.

Sobre el canto ingresa el tic tac de un reloj. Al subir la luz: Binario, vestido modestamente, está parado sobre un diván; abatido. El doc­tor, sentado, se dispone a escuchar. El tic tac irá desapareciendo lentamente. Se siente un poco de frío.

He progresado doctor: anoche estuve llorando. Me costó mucho que las cosas me dieran pena, tuve que hacer un gran esfuerzo. Finalmente, lo conseguí, un poquito, pero lo conseguí. Fue suficiente. Después no tuve que sentir nada, las lágrimas corrían por mi rostro libremente. ¿De qué sirve llorar? ¿Cuál es el propósito? Siento que mis lágrimas son como la garúa de Lima, no me parecen que limpien nada, al contrario, ensucian.

Creo que ya me di cuenta de lo que pasa: soy una especie en extinción, por eso usted no puede entenderme. Anota mis palabras, pero no lo que digo; anota mis gestos, pero no lo que siento; porque mis ideas y mis sentimientos, cuando salen de mí, no encuentran eco en un ser como usted y se ahogan como un pez extraído del agua (toma asiento en el diván). Es difícil ser como toda la gente. Vivir como toda la gente pensando angustiadamente en el futuro. Ser como mis amigos que se pasan la vida esperando el sueldo, aunque no les alcance. A propósito ¿No le parece gracioso eso? A mí, sí. También me causan mucha gracia las personas que se ganan la vida inventándose un trabajo: de tramitadores, de llamadores, de cambistas, de taxistas, de amantes, de putas, de relojes. ¿No le parece todo esto muy gracioso? … Se está sonriendo… Es usted una mierda, doctor: ha comenzado a divertirse justo ahora que estaba consiguiendo sentir que todo eso es una tragedia (camina). Por eso, ayer, mientras veía la película, yo me reía mucho; en cambio, a usted, no le causaba gracia porque es distinto. Pero, yo me esfuerzo, trato de sentir como toda la gente, por ejemplo, después de la película, cuando nos fuimos a la “Tiendecita Blanca”, todo el tiempo, como antes en el “Luigi’s”, pero no pasó nada. Para ser como toda la gente, necesito amar la vida, y para eso, preciso olvidar. Olvidar todo lo que he sabido siempre: que al día sigue la noche; la diástole, a la sístole; la reacción, a la acción. Me es muy difícil ver sin darme cuenta. Los físicos contemporáneos han descubierto que el universo no esta en expansión, sino en contracción. Para mí eso no es ninguna novedad, los de mi especie siempre hemos sabido que nacemos y morimos y nunca descompusimos el átomo ni desarrollamos teorías físicas: simplemente abrimos los ojos y vemos.

jueves, 14 de septiembre de 2006

Negocios y Créditos / Versión “recontralibre” del Flautista de Hamelin

TITO: (Ingresa solo con una toalla a la cintura, sayonaras y una gran escobilla de baño) ¿Qué pasó con el agua? ¡Tengo que ir a trabajar!

MARÍA: (Entrando con un balde) ¿Y ahora cómo hago el desayuno? ¿Quién tendrá un poco de agua?

CARLOS: (Ingresa con una gran máquina de afeitar. Se dirige a María) Por favor, un poquito de agua.

PEDRO: (Entra con un gran cepillo de dientes) Para mí también.

(María sale, seguida por Tito, Carlos y Pedro. Ingresa un NARRADOR)

NARRADOR: La primera vez nos molestamos, pero nada más. Total, después de algunas horas parecía que todo estaba resuelto. Pero al día siguiente…

(Entrando)

TITO: (Cubierto solo con una toalla y un cepillo de baño en la mano) ¡Otra vez!

MARÍA: Pero ¿qué está pasando?

CARLOS: Oye ¿y el agua?

(Salen comentando, enojados)

NARRADOR: Hasta que, más pronto de lo que se puedan imaginar, se hizo costumbre.

TITO: ¿Y?

CARLOS: Tres días que no me baño.

TITO: ¡Qué suertudo! ¡Yo, cinco!

PEDRO: ¡Amor! ¿Me haces un refresco?

MARÍA: No hay agua.

PEDRO: ¿Un cafecito?

MARÍA: No hay agua.

PEDRO: ¿Y un caldito?

MARÍA: ¡Te digo que no hay agua!

JUAN: Este plato está sucio.

ROSA: No hay agua.

NARRADOR: Como les decía, al principio la gente se molestaba, pero después se fue acostumbrando. Hasta que un día…

MARÍA: ¡Agggg! En mi casa han aparecido los ratones.

TITO: En la mía también.

CARLOS: Y en la mía.

ROSA: (Aparece con su escoba, simulando la cacería de un ratón. Detrás de ella, otros: uno dando pisotones y otros dando gritos) ¡Fuera de mi casa, cochinos!

TITO: No son cochinos, son ratones.

ROSA: ¿Cómo dice?

TITO: Solo le aclaro que no son cochinos, puercos, chanchos, cerdos; son ratones.

ROSA: Así que chistoso.

TITO: No, qué ocurrencia.

ROSA: Así que se burla de mí. (Comienza a corretearlo a escobazos) ¡No huya, cobarde!

TITO: No huyo, solo evito los golpes.

NARRADOR: Y pasó lo que tenía que pasar:

MARÍA: ¡Ay! Se enfermó mi hijito.

PEDRO: ¿Qué tiene?

MARÍA: Está mal del estómago.

PEDRO: ¡EL CÓLERA!

MARÍA: ¡Qué cólera!

PEDRO: No, no; qué cólera, no. (Salen. Pedro explicándole lo que es el cólera)

NARRADOR: Y comenzaron las peleas.